Amuebla tu cabeza y pasa a la acción
Llevo veinte años trabajando a diario con fundadores y directores generales, y hay algo que se repite: en la pequeña y mediana empresa hay grandísimos profesionales de lo suyo y no tan buenos empresarios.
Casi todas estas empresas las montó alguien muy bueno en lo suyo, convencido de que las cosas se podían hacer mejor y con la sana ambición de ser dueño de su destino y de sus decisiones. Y ahora mira atrás y tiene un equipo que atender, un montón de clientes que satisfacer y un millón de tareas que le comen el día. Tareas para las que no se preparó, que no le da tiempo a hacer, que no sabe delegar y que esconden decisiones complejas y momentos incómodos.
Ahí está la encrucijada: todo eso te aleja justo de aquello por lo que montaste la empresa, que era hacer las cosas mejor. Esa carga te quita la serenidad y la perspectiva para cambiar lo que hay que cambiar. Y tu energía acaba puesta en apagar los fuegos de hoy en lugar de en construir algo que funcione sin depender de ti.
Esa es la tumba que muchos empresarios se cavan por inercia, sin querer. Y lo saben. Están hartos de que les hablen de delegar, de lo importante frente a lo urgente y de todo ese repertorio. Pero no hay manera. Y llegan las frustraciones con el equipo, los proyectos que se quedan en tu cabeza o en un cajón, y las ganas de salir de la espiral sin saber cómo bajarse de la cinta.
Esto es lo que pensamos sobre todo eso.
Deja de leer y haz algo de una vez
Sabes bien lo que quieres y lo que tienes que hacer.
Y en el fondo sabes que no estás encontrando la manera de conseguirlo. Ni estás tocando las teclas, ni tienes la velocidad, ni el foco. Te cabrea, porque no estás siendo capaz de cambiar las cosas. Igual no sabes cómo. A lo mejor no tienes tiempo. Lo mismo te falta seguridad en los pasos que dar. O necesitas un empujón. Sea lo que sea, tienes claro que necesitas ayuda.
Reconocerlo y ponerle solución no te hace más débil ni peor director general. Te hace inteligente, ejecutivo y humano. Los listos no son los que lo saben todo: son los que tienen el teléfono de quien puede ayudar, y lo cogen.

