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Un caso, contado entero

Pagaban dos CRM y no usaban ninguno.

Aquí no hay un muro de logos. Hay un caso, con lo que se hizo, lo que costó y lo que salió — incluido lo que no mejoró.

La empresa

Una agencia de eventos de entre quince y veinte personas. No digo el nombre porque no me toca a mí decirlo. Todo lo demás es tal cual pasó.

Lo que había

Dos CRM en la factura. Uno de los conocidos, que usaban de agenda: nombres, teléfonos, alguna nota suelta. Y un Zoho contratado hacía tiempo y casi sin tocar. Dos herramientas pagadas para no hacer nada.

El trabajo de verdad estaba fuera de las dos. Los presupuestos y sus versiones, las hojas de control, en qué punto estaba cada proyecto, quién llevaba a qué cliente, qué proveedor prestaba qué servicio: repartido entre el correo de cada uno, carpetas locales y la cabeza de tres personas. Cada uno con su formato. Cuando una de esas tres libraba, la agencia iba más lenta.

Y había una consecuencia peor que la lentitud: un proyecto no se podía heredar. Si lo cogía otro, empezaba por reconstruir lo que ya existía.

No era un problema de herramienta. Tenían herramientas de sobra. Era que estaban fuera del proceso, y nadie mete nada en un sitio que no le ahorra trabajo.

Lo que se hizo

Tres meses. Y se empezó por lo aburrido: sentarse con el equipo y decidir qué es una cuenta, qué es un contacto y por qué merece la pena meter ahí el dato. No un manual entregado al final: una conversación con la gente que iba a usarlo, hasta que meter la información dejó de ser burocracia y pasó a ser la forma natural de trabajar con ese cliente.

Luego, colgar de ahí todo lo demás. No solo lo comercial y el marketing: las oportunidades y la información de los proyectos, que es donde una agencia de eventos se juega el dinero. Y un formato único para los documentos, en vez de uno por persona.

Diez licencias, no veinte. No todo el mundo necesitaba entrar, y pagar por gente que no entra es la forma más tonta de tirar dinero.

Lo que salió

25 horas a la semana que el equipo dejó de perder

Media hora por persona y día buscando información que existía pero no estaba donde tocaba: qué proveedor hace qué, quién lleva a ese cliente, en qué punto está ese proyecto. Diez personas, cinco días. Al año son unas 1.100 horas: dos tercios de una persona a jornada completa, dedicada a buscar.

Media hora al día es la estimación del propio equipo, y es su suelo, no su techo. El cálculo usa solo las diez personas con licencia y 220 días laborables.

Más de 350 hojas de cálculo al año que dejaron de existir

Entre presupuestos, versiones y hojas de control salían siete u ocho documentos por proyecto, y hacían entre cincuenta y sesenta proyectos al año. Eso ya no se crea, ni se versiona, ni se busca, ni se pierde. Y eso es un año.

Y la factura de software bajó

Acabaron pagando unos 500 € al mes por una sola herramienta que hace mucho más de lo que hacían las dos anteriores juntas. Porque antes el CRM solo servía para llevar contactos: los presupuestos, los proyectos y el control estaban fuera, en los Excel.

Dos herramientas que hacían una cosa costaban más que una que las hace todas. Y la más cara de las dos ni siquiera estaba desplegada para toda la plantilla.

Y lo que no mejoró

El tiempo de sacar una propuesta, prácticamente nada. Ya lo tenían resuelto y lo hacían rápido. Si alguien te promete que todo mejora a la vez, te está vendiendo.

Qué queda cuando esto se hace bien

  • Todos los proyectos en un sitio. Antes estaban donde cada uno los hubiera dejado.
  • Un proyecto se puede heredar. Se pasa, no se reconstruye.
  • Un formato, no quince. Se acabó el tiempo de traducir el documento del compañero.
  • Una suite hecha a la medida de esa agencia, no una plantilla de partner con el logo cambiado.

Y dos cosas que no aparecen en ninguna factura pero se notan a los seis meses: los clientes más contentos, y el equipo también. Nadie disfruta trabajando en el desorden.

Lo que no hicimos fue cambiar de herramienta y llamarlo transformación.

¿Te suena de algo esta película?

Si estás pagando por herramientas que tu gente no usa, el problema no se arregla comprando otra. Hablamos y te digo qué haría yo, sin factura por la conversación.

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